Un español con dos cojones. Armado con solo una cayada, logró derrotar al temible Octogenario Rojo, terror del barrio del Pilar:
Agrede ‘por rojo’ a un octogenario durante una protesta en Madrid contra los parquímetros
- Los hechos han tenido lugar en una mesa informativa del Barrio del Pilar
- El agredido, que repartía folletos, recibió tres puntos de sutura
Un vecino del barrio del Pilar, de unos 70 años de edad, ha abierto de un bastonazo una brecha en la cabeza de un
octogenario, tras llamarle “rojo” y increparle porque protestaba contra el túnel de la M-30 y los parquímetros.
Así lo relató el propio agredido, Fermín Rodríguez, tras salir del hospital de La Paz, donde le tuvieron que poner tres puntos de sutura.
Coincidieron en el relato algunos de los vecinos que presenciaron la agresión, como la presidenta de la asociación de vecinos ‘La Flor’, de la que también es miembro el agredido.
Una testigo del suceso, que no participaba en la protesta, aseguró que el hombre gritó “rojos de mierda” a los representantes vecinales que en ese momento repartían panfletos informativos en la avenida Monforte de Lemos esquina con la calle Betanzos.
Fermín, que se autodefine como “una persona de pluma y libro”, relató que la agresión se produjo después de que le ofreciera al agresor una hoja informativa, y tras negarse a cogerla, le increpó a él y a sus “compañeros” mientras se alejaba.
Fermín le replicó entonces que se lo “dijera a la cara”, y el hombre se volvió y le propinó un bastonazo en la cabeza.
La víctima, que padece del corazón y lleva un marcapasos, tuvo que ser trasladado por el Samur hasta el hospital, donde tras darle el alta se marchó a la policía para poner una denuncia por agresión.
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En la acera, los soldados caminan, se detienen, dan media vuelta, parten otra vez. El artillero está encaramado en su torreta. Inmóvil. Es imposible adivinar sus facciones. Está muy lejos. Sólo se distinguen la cabeza cubierta por el casco, los brazos, la parte superior del torso. El zoom va y viene; se detiene en él. Su suerte está echada. Un golpe seco, una efímera voluta de humo que surge del casco, los brazos que se alzan en un último espasmo, y el hombre se desploma como un muñeco de trapo.